La Vuelta de Obligado en debate
El 20 de
noviembre de 1845 ofrece en un codo del Río Paraná, a la altura de San Pedro, una
pintura singular: veinticuatro embarcaciones unidas por cadenas cierran el
paso; en la costa, los cañones apuntan hacia el agua. El objetivo de la defensa
ordenada por Juan Manuel de Rosas era resistir el avance de los buques
mercantes ingleses y franceses que, defendidos por cañoneras, buscaban remontar
el río para comerciar. El contexto es el bloqueo al puerto de Buenos Aires,
iniciado en 1845 y levantado en 1848.
Sin embargo, algunos historiadores disienten con esta interpretación. Aducen, en primer lugar, que es difícil concluir que Rosas defendió los intereses de la “Nación”, simplemente porque en 1845 Argentina no era una Nación. No poseía un territorio definido ni una Constitución ni un Congreso. Existía un sistema de pactos inter-provinciales que sostenía a la Confederación, en la quelos estados miembro mantenían cuotas de alta autonomía y delegaban la representación de las relaciones exteriores en Rosas. Las provincias sufrían continuamente enfrentamientos entre los bandos Unitario y Federal. Sí parece cierto, en cambio, que en Obligado Rosas defendió los derechos aduaneros de Buenos Aires. El control de la aduana en el Río de la Plata era crucial para la riqueza bonaerense y tanto los productos extranjeros como las exportaciones de las provincias del Litoral debían abonar impuestos allí. Este conflicto por la libre navegación de ríos (que las provincias fluviales pudieran comerciar sin intermediarios) explica, por ejemplo, que la flota anglo-francesa fuera recibida con fervor en Corrientes una vez roto el cerco en Obligado. El crudo conflicto por la cuestión de los ríos interiores explica en parte, también, la batalla de Caseros de 1852, donde un grupo de provincias litorales, lideradas por el entrerriano Justo de Urquiza, vencen a Rosas y decretan casi de inmediato la libre navegación. El refugio del entonces ex gobernador no fue otro que Southampton, donde se lo recibió con honores por haber favorecido durante tanto tiempo -excepto durante los años del bloqueo- las relaciones comerciales entre Buenos Aires e Inglaterra.
Quizá estas interpretaciones disímiles nos sugierenque sucede a veces, entre historia y memoria, entre los hechos y la biografía siempre cambiante que la Nación escribe para sí, una distancia insalvable.
El hecho se
recuerda en el calendario cívico argentino, desde el año 2010, como el “Día de
la Soberanía”. Muchos estudiosos apoyan esta denominación como la fórmula que
mejor resume la defensa de la Nación frente al extranjero. Es claro que los
buques mercantes anglo-franceses buscaban penetrar militarmente en el espacio
de las Provincias Unidas para imponer su comercio. La batalla de Obligado,
aunque una derrota abrumadora (murieron 7 soldados ingleses y más de 200
porteños), representa entonces un hito en la resistencia al imperialismo. Uno
de los máximos héroes de la patria, José de San Martín, habría de alegrarse de
esta batalla en su retiro francés; enviaría su sable a Rosas en reconocimiento
por su intransigencia frente a las potencias extranjeras.
Sin embargo, algunos historiadores disienten con esta interpretación. Aducen, en primer lugar, que es difícil concluir que Rosas defendió los intereses de la “Nación”, simplemente porque en 1845 Argentina no era una Nación. No poseía un territorio definido ni una Constitución ni un Congreso. Existía un sistema de pactos inter-provinciales que sostenía a la Confederación, en la quelos estados miembro mantenían cuotas de alta autonomía y delegaban la representación de las relaciones exteriores en Rosas. Las provincias sufrían continuamente enfrentamientos entre los bandos Unitario y Federal. Sí parece cierto, en cambio, que en Obligado Rosas defendió los derechos aduaneros de Buenos Aires. El control de la aduana en el Río de la Plata era crucial para la riqueza bonaerense y tanto los productos extranjeros como las exportaciones de las provincias del Litoral debían abonar impuestos allí. Este conflicto por la libre navegación de ríos (que las provincias fluviales pudieran comerciar sin intermediarios) explica, por ejemplo, que la flota anglo-francesa fuera recibida con fervor en Corrientes una vez roto el cerco en Obligado. El crudo conflicto por la cuestión de los ríos interiores explica en parte, también, la batalla de Caseros de 1852, donde un grupo de provincias litorales, lideradas por el entrerriano Justo de Urquiza, vencen a Rosas y decretan casi de inmediato la libre navegación. El refugio del entonces ex gobernador no fue otro que Southampton, donde se lo recibió con honores por haber favorecido durante tanto tiempo -excepto durante los años del bloqueo- las relaciones comerciales entre Buenos Aires e Inglaterra.
Quizá estas interpretaciones disímiles nos sugierenque sucede a veces, entre historia y memoria, entre los hechos y la biografía siempre cambiante que la Nación escribe para sí, una distancia insalvable.

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