Día Internacional del yaguareté

La Conferencia sobre Diversidad Biológica de la ONU proclamó el 29 de noviembre  “Día Internacional del yaguareté”.
La declaración destaca la importancia del más grande de nuestros felinos, la necesidad de su preservación y el sensible papel que ocupa en el sostén ecológico de nuestras selvas tropicales, ayudando a regular el clima y la biodiversidad.
Presente en la cosmovisión de todos los pueblos originarios, los guaraníes tuvieron en el yaguareté el animal sagrado por excelencia. El mito que se cuenta en la Sala 1 de nuestro Museo hace referencia al relato cosmogónico de los Gemelos, cuyo protagonista es el jaguar. En su idioma, dyaguá-eté significa “la verdadera fiera” y era muy común durante las ceremonias de curación, la transformación de los chamanes en ese animal, tomando de él su poder y volcándolo en beneficio de sus pacientes o de la comunidad.
Yaguareté, uturunco, jaguar, michilo, o simplemente el tigre, como lo denominaron los españoles por su parecido con el felino asiático, está en grave peligro de desaparecer por la tala de su hábitat natural, por los atropellamientos en rutas y por la caza que lo persigue, aunque en Argentina está prohibida y penada por la ley 25.463, que lo declara Monumento Natural Nacional. A pesar de que se llevan adelante interesantes proyectos de recuperación, actualmente hay apenas 250 ejemplares en nuestro territorio.
Su presencia en las islas del Delta y en el continente durante el siglo XIX está ampliamente documentada.  Sarmiento describe el paseo de “una tigre” con sus cachorros por las calles de Las Conchas y Marcos Sastre, aboga en favor de su mansedumbre: “el jaguar, tigre americano o yaguareté, es menos fiero que la pantera, la onza y el leopardo… rara vez se tiran sobre los hombres, y para hacerlo huir, no es menester más que presentarle un tizón encendido.” Lo cierto es que se lo cazó para proteger el ganado, por temor y por el valor de su piel. En el Museo de la Reconquista se exhibe una de las trampas que se usaban y fotos de cazadores.
Estos “tigres” dieron su denominación al “arroyo del Tigre” que por la creciente del 19 y 20 de agosto de 1820 se convirtió en una importante vía comercial. Su nombre –de uso muy frecuente a fines del siglo XIX y principios del XX para la región continental- se extendió finalmente a todo el territorio. Cuando el tren avanzó en su recorrido hasta nuestra ciudad, la estación recibió el nombre de Tigre y la denominación terminó siendo formalizada por el Consejo Deliberante en 1952 para nuestro Partido.



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