El Delta y su amor por el mimbre

 El Delta y el amor por el mimbre

          En 1855 Sarmiento es diputado por Tucumán y director de "El Nacional" donde escribe artículos sobre el Delta, hoy recopilados en el libro "El Carapachay", nombre que daba a las islas. Como te contamos, el 8 de septiembre se encuentra en una lancha de la Capitanía del Puerto impulsada por doce remeros al mando del comandante Somellera, aquel que un día pintaría la explosión del Fulminante. Lo acompañan el ministro Mitre, el ingeniero Pellegrini, Félix Crousa, dueño de una finca isleña y otros tantos. Como siempre, su idea es difundir "la Delta" y su potencial.

          Ya en la finca de Crousa del Esperita (hoy Angostura)  plantará las estacas de mimbre que pidió traer de Chile. No fue un mero lance: "planto con mis manos el primer mimbre que va a fecundar el limo del Paraná, deseando que sea el progenitor de millones de su especie, y un elemento de riqueza para los que los cultiven con el amor que yo le tengo"

          Y vaya si lo fue, el mimbre ha dado trabajo a varias generaciones desde entonces. Aún con sus altibajos, nunca cesó su producción y utilización en artesanías.  "Hoy muchos han vuelto a plantar y procesar mimbre, porque se dieron cuenta de que les deja un peso en el bolsillo" dice Fabián Papaseit, un productor del Delta. Fabián y su esposa Mónica se mudaron hace unos años a la vieja quinta "El ciruelo" en el río Caraguatá, donde fundaron "Seamos Libres", una biblioteca popular que acerca la lectura a los vecinos y da apoyo escolar a sus hijos. Muchos chicos vieron una computadora por primera vez en ese lugar. Al fondo del terreno, Fabián, que siempre había soñado con trabajar la tierra, comenzó a plantar mimbre.  Y cuando le quedó chico, cruzó el Paraná y prosiguió en un terreno más grande, en el arroyo Pacífico.


          Entre las distintas especies que pertenecen al género Salix (sauces) Salix viminalis  es el mimbre más importante. Fabián nos resume el laborioso trabajo: primero  se plantan estacas en el pajonal (el interior de las islas) a 50 cm de distancia y con una altura que depende de lo inundable del terreno. El pajonal compite con el mimbre, pero no se lo elimina,  se apisona y así queda alrededor de las estacas. En cada una de estas crecen varas que pueden tener  30 cm hasta 4 metros de largo.  Se cortan en invierno con una pequeña hoz, la podadera. Luego se seleccionan por largo: se pone un haz de varas en un tacho como quien pone flores en un florero.  Se toman por el extremo suelto las que más sobresalen, las más largas, luego las que les siguen en longitud, y así se van seleccionando.  Luego se hacen paquetes con cada categoría, que se apoyan verticalmente  unos sobre otros, formando una pirámide. Así, aireados y protegidos, esperan hasta que se los pueda procesar.

          El mimbre blanco se obtiene "espichando" los paquetes, esto es clavándolos en la tierra. Cuando comienzan a brotar se quitan y se les pela su corteza con un hierro en forma de "V". Es el procedimiento más sencillo y al cual recurren los productores con menos recursos. El mimbre rosado, más solicitado, se logra hirviendo los paquetes en un gran recipiente bajo el cual se hace fuego, y que los mimbreros llaman caldera.  Esto puede llevar uno o dos días de trabajo desde la madrugada hasta la noche. Fabián comenta que entonces se suele hacer un almuerzo comunitario importante, un pollo al disco por ejemplo, lo cual da un tinte de fiesta a esos días de intenso y duro trabajo.  Luego se sacan los hirvientes paquetes y se los deja en un pozo con agua durante quince días, proceso que facilita el posterior pelado a mano o con máquina. El último paso es el secado en los tendales, después de lo cual se transporta al continente para vender al acopiador.   

          Fabián concluye: "El mimbre se está reivindicando y actualmente cada vez más vecinos deciden dedicarse a esta actividad que genera trabajo donde hace tanta falta. Esto y ver crecer estas plantas en un entorno natural como el Delta es mi gran satisfacción".  

          Finalmente, el mimbre -como decía el sanjuanino-  sigue siendo "un elemento de riqueza  para los que los cultiven con el amor que yo le tengo".




Comentarios

  1. Una vez más aparece Domingo Faustino Sarmiento. Un visionario como pocos, lamentablemente.
    Por eso aún hay quienes lo descalifican sin tener la menor idea de lo que era en su época, un hombre adelantado en 100 años.

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