Relación de Santiago de Liniers y Las Conchas
Es sabido que
Santiago de Liniers desembarcó en las costas del actual Tigre el 4 de agosto de
1806. Atracaba en un río que todavía se llamaba Las Conchas y que años después
sería rebautizado para homenajear su Reconquista de una Buenos Aires invadida
por los ingleses. Sin embargo, esa no era la primera vez que el capitán de
navío visitaba el poblado. Su paso por Tigre un año antes comenzó bajo el
signo, no de una epopeya, sino de dos tragedias.
En abril de
1805, Liniers navegaba por el Paraná con dirección a Buenos Aires. Había
zarpado de Asunción, relevado de su puesto como Gobernador interino de los
Treinta Pueblos Guaraníes, lo que quedaba de las poderosas misiones indígenas
luego de la expulsión de los Jesuitas. Viajaban con él, además de un brote de
peste, su mujer embarazada, Martina de Sarratea, su hija Francisca y una criada
negra llamada María Pilar. El 27 de abril, la embarcación hizo un alto en el
cruce del Paraná y el arroyo Cruz Colorada; allí, consumida por la enfermedad, Martina
tuvo a María de los Dolores. No sobrevivió al parto. Francisca y la criada la
siguieron poco después. Liniers, abrumado, decidió cumplir con sus deberes de cristiano.
El poblado más cercano era Las Conchas. Allí, el 4 de mayo, en la iglesia
Inmaculada Concepción, enterró a su mujer, a su hija y a la criada negra; allí,
María de los Dolores recibió el bautismo. Martín de Goyechea, quien al año
siguiente alojaría a Liniers y a las milicias antes de que partieran a la
Reconquista, ofició de padrino.
Liniers volvió a
Las Conchas un mes después. No lo trajo esta vez una tragedia personal, sino
colectiva. La feroz sudestada de junio de 1805 había inundado la mayor parte
del poblado, arrastrando cultivos, casas, corrales y hasta la vida de algunos lugareños.
Encomendado por el Virrey Rafael de Sobremonte, el capitán Liniers visitó la
zona para sopesar los daños. Brindó una solución: prohibir la reconstrucción de
las casas en Las Conchas, trasladar el poblado entero a la parte alta, entregar
tierras de sembradío a las familias y construir un nuevo puerto, artificial,
resguardado de las mareas. Nacían así el actual San Fernando y su Canal. Notemos
un detalle que enlaza de modo inesperado la celebrada Reconquista de Liniers
con esta, su menos heroica aparición en el límite de los
actuales Tigre y San Fernando: una vez derrotados y reducidos a prisión, varios
ingleses fueron destinados a la construcción del canal.

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