El tesoro de Buenos Aires

Las Invasiones Inglesas han dejado en la memoria colectiva la marca de una traición. La imagen muestra al virrey Rafael de Sobremonte abandonando Buenos Aires a su suerte el 27 de junio de 1806, huyendo camino a Córdoba y con el tesoro de la ciudad. Dicho tesoro contenía las remesas del Alto Perú que anualmente partían del Virreinato del Río de la Plata hacia España.
La historia, sin embargo, es menos simple. Parecía razonable que Sobremonte, rotas las primeras líneas defensivas, se replegara al interior del virreinato para organizar mejor la reconquista de la ciudad. También tiene sentido que pusiera a resguardo los fondos de la ciudad en lugar de ofrecerlos sin resistencia a los ingleses.
Eventualmente, sin embargo, el tesoro acabaría en manos de los invasores. Al penetrar en Buenos Aires y no encontrar el cargamento de plata, Popham y Beresford amenazaron con incautar las riquezas privadas de los vecinos más acaudalados de la ciudad. La primera víctima de la expropiación serían las mercancías que los comerciantes tenían estacionadas en el puerto; luego, los mismos barcos. Los comerciantes, con clara mayoría en el Cabildo, ofrecen a los ingleses la entrega del tesoro. Escriben el 28 de junio a Sobremonte, exigiendo la devolución del dinero con el fin de pactar la rendición y salvar la ciudad de la furia extranjera. El virrey, por entonces en Luján, acepta la propuesta. Una misión parte hacia el norte y recibe la encomienda -ocho carretas colmadas de plata boliviana- dos días después, frente al Cabildo de Luján.
La fortuna era de más de un millón de pesos plata. La fragata Narcissus embarcó hacia Londres una parte sustancial, dejando un resto para los miembros de la expedición. La capital inglesa recibió el tesoro y las banderas españolas del Fuerte de Buenos Aires como trofeos de guerra, organizando un desfile que incluyó caballos y músicos. Fue en septiembre, cuando hacía ya un mes que los ingleses habían perdido la ciudad.





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