Invasión de 1806

A comienzos del siglo XIX, Gran Bretaña ocupaba plazas en el norte del continente americano, en el Caribe, en África y en India. En plena expansión marítima y comercial, busca sumar un pie en la América española. El lugar elegido, tanto por su posición estratégica como por su pobre defensa militar, fue Buenos Aires. El tiempo parecía propicio: luego de la victoria inglesa en la Batalla de Trafalgar de 1805, España se revelaba incapaz de patrullar el Atlántico. La expedición, a cargo de Home Popham y William Carr Beresford, arribó a las costas de Quilmes el 25 de junio de 1806. Tras vencer fácilmente a las milicias locales y a los refuerzos bonaerenses, penetraron en Buenos Aires dos días después.
Alertado del desembarco y el avance inglés, el virrey Rafael de Sobremonte encargó al Cabildo una última defensa de la ciudad, retirándose a Córdoba para planificar el contra-ataque a gran escala. Sin embargo, quien se encargó de organizar la resistencia local fue Santiago de Liniers, capitán de navío. Se desplazó desde su posición en Ensenada hacia Colonia; luego de recibir hombres, pertrechos y provisiones, cruzó de vuelta el Río de la Plata, desembarcando el 4 de agosto en Las Conchas. El plan era seguir a caballo y a pie desde la frontera Norte hacia la capital virreinal. Esa noche, los combatientes se alojaron en la casa del comerciante local y compadre de Liniers, Martín Goyechea. Al día siguiente, marcharon.





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