Margarita Graciela Perrone

                  Margarita Graciela Perrone nació el 10 de diciembre de 1938. “En esta zona de tierras bajas y pobres, cercanas al río y no lejos del centro urbano se establecieron mis abuelos en el año 1878. Lo hicieron en la misma casa en que nací…”. Entonces eran las afueras del pueblo de Tigre, todavía Partido de Las Conchas, una zona conocida como “El Bañao”.  

         Estudió en el Colegio Normal de San Fernando,  se desempeñó como maestra en las islas del Delta, y durante 30 años fue directora de la Escuela nº 10 del Río Luján.

Su hermano Edgardo, decía, la había llevado “a descubrir el valor del pasado, disfrutar del presente y esperar la llegada del churrinche en cada próxima primavera”. Así, ya jubilada, se acercó al Instituto de Estudios Históricos del Partido de Tigre -institución que en 2008 logró que se declarara el 4 de agosto como Día de Tigre- que presidió hasta sus últimos días.  Su amor por la patria chica la llevó a investigar su historia, organizar jornadas, tertulias con los vecinos, y colaborar con la revista de la Biblioteca Sarmiento y el periódico “Actualidad”.  En el libro que compendia los trabajos de cuatro jornadas históricas del Instituto quedaron publicados algunos de sus aportes. 



         “¿Cómo pudo ser que este riacho estrecho y zigzagueante que vemos hoy, llamado “Río Reconquista” hace 200 años sirvió para contener un puerto relevante como el de Las Conchas?  Es más: ¿Cómo sus costas permitieron el desembarco de las milicias de Don Santiago de Liniers aquel 4 de agosto de 1806?”  (“El río transformador de vidas y paisajes” -profusamente ilustrado con mapas antiguos-) 

“La posibilidad del acceso a la propiedad de la tierra atrajo a cantidad de inmigrantes europeos que fueron estableciéndose en los distintos arroyos, trabajando muy duro y dedicándose a la fruticultura, cultivo del mimbre, flores y aprovechamiento de la madera y el junco. Estas escuelas comenzaron a funcionar en casas de vecinos, cedidas o alquiladas; en ocasiones colectas permitían construir edificios típicos isleños. Exigían que el o los maestros vivieran en las mismas escuelas o en casas de vecinos, ante la imposibilidad del traslado diario y cumplimiento del horario… En la mayoría de los casos fueron atendidas por un solo maestro, como muchas escuelas rurales, y fueron consideradas elementales o de primeras letras, hasta avanzado el siglo XX”. (“Las escuelas como indicadoras del movimiento poblacional en el partido de Las Conchas-Tigre”)

         “En invierno las calles se ponían intransitables, sólo coches a caballo podían entrar. Quienes vivíamos más adentro, teníamos veredas de tierra en alto, contra los cercos de mostacillas, que caían hacia los zanjones de desagüe, formando un verdadero túnel natural que le otorgaba un misterioso encanto, privacidad a los vecinos y temor a los extraños, especialmente por las noches”.


         “Ya no existe el bañao. Quedaron en la memoria las siestas buscando nidos de cachirlas, hechas en el suelo sobre la pisada de los vacunos. Se acabó la junta de peras campanillas en el campo que daba al río. No más campeonatos entre mis hermanos arrojando a lo lejos las bochas de maclurias lechosas y granulientas. Desaparecieron los talas y sus frutitos anaranjados. Se perdió el encanto de saborear acidulados macachines de flores rojas o amarillas, o juntar chauchas de sinasina para degustar sus porotitos verdes y apetecibles” (“Memorias del Bañao”) 

Margarita Perrone falleció el sábado 31 de mayo de 2014 y fue velada en la casa donde nació. Nunca la olvidaremos.


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